La inteligencia se alimenta

Las grasas saturadas y los azúcares elaborados no solo desencadenan enfermedades que dañan al páncreas, corazón, hígado, riñones y vasos sanguíneos, sino que también al cerebro, especialmente en caso de los niños.

 “Hay evidencia científica que muestra que basta consumir una dieta alta en grasas saturadas y azúcares elaboradas durante cuatro días a la semana, para que los tests de memoria y aprendizaje muestren menos efectividad”, sostiene la doctora Raquel Burrows, pediatra y endocrinóloga infantil, jefa del Programa Clínico de Obesidad Infantil del INTA (Instituto de Alimentación y Tecnología de los Alimentos), de la Universidad de Chile.

“Nos preocupa que los padres den a sus hijos desde muy chicos la mamadera con bebidas gaseosas y una bolsa de papas fritas. ¡He visto niños con una sopaipilla más grande que su propia cabeza! Generalmente, el problema es que la madre si no está contenta con lo que hace, considera que la vida no ha sido justa con ella o está cansada, encuentra una recompensa en la comida: disfruta y se gratifica con ella, por lo que replica la experiencia con su hijo”, señala la doctora.

Antes se pensaba que solo había compromiso cognitivo en la desnutrición -explica la especialista- pero hoy se sabe que en una dieta alta en grasa y en azúcares también lo hay,  porque disminuye la concentración, el rendimiento y los niveles de comprensión.

 

“Los azúcares y grasas saturadas que no estamos usando dan vueltas por el cuerpo. Parte de ellos entran al cerebro, dañando las estructuras hipocampales que están precisamente asociadas al aprendizaje y a la memoria. Su presencia interfiere en la memoria a corto y largo plazo, tanto en niños como en adultos. No es que el niño sufra retardo mental, sino simplemente que no va a lograr expresar todo su potencial, aun cuando haya heredado una inteligencia brillante, debido a que sus estructuras de aprendizaje y memoria no funcionan bien”, detalla la especialista.

Si los niños son expuestos a un exceso de grasas saturadas y azúcares elaborados durante los tres primeros años de vida, el daño es irreversible, porque afecta a las estructuras del cerebro, mientras que si sucede en edades posteriores afecta a las funciones cerebrales.

         

Vitamina D, que se encuentra fundamentalmente en el pescado. La grasa atrapa la vitamina D, no deja que circule y, por lo tanto, ésta no puede entrar al cerebro.

Hierro. Las dietas vegetarianas para niños deben tratarse seriamente y bajo supervisión, ya que requieren suplemento de hierro para no afectar el desarrollo cerebral.

Yodo. Para la mayoría de los chilenos, la sal yodada es la principal forma de acceder al yodo, fundamental para el desarrollo de las estructuras relacionadas a la memoria y al aprendizaje. Cabe destacar que la sal de mar no está yodada.

Frutas y verduras. Al menos tres frutas y dos platos de verduras al día, ya que los flavonoides que contienen estos alimentos protegen la función cognitiva.

Hacer ejercicio diariamente. Idealmente, en familia para instalar el hábito desde la infancia. 

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