Valeria Schneider

"El cáncer ha sido mi gran maestro"

El movimiento consciente del cuerpo ha estado presente durante toda su vida. Su padre fue el famoso mimo Jaime Schneider, de la compañía de Noisvander, y su madre la reconocida actriz Silvia Santelices. Tomando el legado de ambos, decidió formarse en danza/teatro, pero luego casualmente se encontró con el yoga. En 2017 le diagnosticaron cáncer de mama y desde ese momento el yoga se convirtió en una terapia que la ayudó a atravesar momentos duros y de mucho cuestionamiento.

Por: Mariella Rossi W.

Fotografía Peter Haupft / Outfit Anahata / Centro Dharma Yoga

“El cáncer debilita tu cuerpo, tus músculos, tus articulaciones y tus huesos, pero  fortalece tu autoestima, tu voluntad y el amor hacia ti mismo. Te enseña a experimentar de manera real conceptos hasta entonces solo teóricos, como por ejemplo el desapego”. Así resume el proceso de su enfermedad Valeria Schneider, cuyo único signo visible de su enfermedad es el pelo corto, casi recién aflorando.

Más de un año ha pasado desde que le detectaron cáncer mamario.  El golpe que significó en su vida este diagnóstico se ha ido suavizando con el tiempo y, sobre todo, con la compañía amorosa de sus más cercanos. El yoga y la práctica de meditación han sido para ella un elemento clave de salud y sanación. “Me ha acompañado en todo este difícil proceso. He sido testigo de cómo la práctica se va adaptando a tus necesidades, a tus capacidades, a tu ritmo. Nunca lo abandoné, ni siquiera en esos días en que me sentía débil y agotaba. Siempre buscaba cómo adecuar cada asana a mi estado, hacía los ajustes, escuchaba que mi cuerpo tenía un límite muy preciso, me cansaba rápido y no llegaba a la postura final. Entonces, había momentos en que sentía rabia, impotencia y frustración… Pude ir observando todo eso en mí y me fui conectando con mi vulnerabilidad, lo que finalmente despierta la verdadera fortaleza”, reflexiona.

Valeria comenta que ella siempre fue una persona introvertida, pero que ha vivido este proceso de manera abierta, sin ocultarse. “De hecho, me he puesto mucho más sociable y extrovertida”. Al mismo tiempo, declara que se ha transformado en alguien más empática, que se enjuicia menos a sí misma y, por lo tanto, también menos a los demás.

Su camino dentro de la práctica

Con un padre como Jaime Schneider y una madre como Silvia Santelices, a Valeria le fluye el movimiento desde lo más profundo de su ADN. Así es como decidió estudiar danza-teatro y finalmente se encontró con el yoga. “Estaba en un período complicado, en plena ruptura con mi primer marido y tenía dos hijos pequeños. Alguien me recomendó hacer yoga, me encontré con Gustavo Ponce y empecé a ir a sus primeras clases gratuitas el año 1996, que realizaba aún antes de abrir Yogashala.”

Valeria pertenece a la primera generación formada por Gustavo en Iyengar y Dynamic yoga. Después de convertirse en instructora trabajó los siguientes once años en su escuela.

Luego, estuvo un año en Surya Yoga, hasta que sintió que estaba preparada para iniciar su propio emprendimiento. Fue entonces que se asoció con Emma Marín para crear Sadhana Yoga, donde estuvieron juntas por alrededor de tres años. Finalmente, hizo la siguiente reflexión: “Si el yoga es parte integral y constitutiva de mi vida, ¿por qué no simplifico las cosas, lo integro a mi día a día y lo convierto en un proyecto familiar?”. Acompañada y animada por Gabriel, su segundo marido -con quien lleva 22 años y tiene dos hijos de 18 y 7 años- se embarcó en el desafío de crear una escuela in house. Hoy Dharma Yoga funciona en su casa, donde diseñaron un ambiente con todas las comodidades. “Mis hijos entienden perfecto y respetan el espacio. Esto que era mío ahora se ha convertido en algo de la familia”.

Valeria se ha formado con grandes maestros, como los chilenos Gustavo Ponce y  Swami Ekananda, el italiano Renato Turla y la argentina Marina Chaselon, aun cuando se considera bastante autodidacta.

Durante su proceso de recuperación, después de la operación, la quimioterapia y la radioterapia, decidió mantener abierta la escuela e invitar a otros profesores para que se hicieran cargo de sus clases. De esta forma, no solo tenía la posibilidad de practicar, sino que de apoyarse en una comunidad que la sostuvo durante los momentos más duros.

Hace unos meses, en octubre del año pasado, volvió a hacerse cargo de Dharma Yoga y a impartir clases regulares. Hoy es una persona distinta: se siente fortalecida y con mucho mayor empatía y comprensión para recibir a todos los que quieran practicar junto a ella. Su gran pasión hoy día es formar a instructores y enseñarles sus múltiples aprendizajes.

Vicios posturales

Valeria declara que su cuerpo tiene algunas condiciones especiales. “Tengo hartas fallas: nací con displasia de caderas, tengo escoliosis y artrosis facetaria en la columna, lo que me ha impedido avanzar en forma más profunda en algunas posturas. Estas dificultades me han permitido adecuar mi práctica y ponerme en el lugar de los alumnos, de esos que son menos flexibles, que les cuesta más. Es por esta razón que elegí para esta clase práctica trabajar los vicios posturales más clásicos”.

Hipercifosis Dorsal

Falta de tonicidad en la musculatura paravertebral, pecho cerrado, hombros caídos, tensión cervical, respiración superficial.

Corrección

Poner el cinto (o pañuelo si no se tiene) enganchando los hombros y al tirarlo hacia abajo por atrás, se empujan los hombros hacia afuera y también hacia atrás, mejorando la postura y ampliando la capacidad respiratoria.

 

Ubicando un ladrillo (o libro si es que no se tiene) entre las manos, extender los brazos hacia el cielo y luego flectar los codos para que las manos vayan hacia la espada alta, proyectando hacia atrás los codos y hacia adentro las escápulas. Las escápulas y el ladrillo "entran" hacia el pecho, generando una apertura. La cabeza busca corregir la mala posición del cuello.

 

Poner dos mantas dobladas y acostarse apoyando el dorso en ellas. Los brazos van relajados al costado del cuerpo y las palmas de las manos apuntando hacia arriba.  Desde esta pasividad, el dorso entra en una concavidad y el pecho se va abriendo. Realizar cinco respiraciones lentas y profundas.

Aumento de la curva lumbar, abdominales débiles, presión entre las vertebras lumbares, molestia crónica en la espalda baja.

Corrección

De pie, sostener un ladrillo entre las piernas para mantenerlas firmes y paralelas. Luego apoyarse en la pared y flectar las piernas en 90 grados, conteniendo el abdomen, llevando el ombligo hacia la columna y proyectando el pubis hacia el ombligo.

 

De espalda en el piso con las piernas dobladas y pies paralelos. Poner el cinto en los tobillos y juntar las escápulas, apoyar los hombros y abrir el pecho. Luego, elevar la pelvis. Se debe mantener el abdomen firme, proyectar los glúteos hacia las rodillas y el pubis hacia el ombligo.

 

De pie, poner un ladrillo (o libro) entre los muslos presionándolo hacia adentro y proyectándolo hacia atrás (rotación interna de muslos). Alargar el sacro hacia los talones y el pubis hacia el ombligo. Se activa el piso pélvico y la zona baja del abdomen.

Hiperlordosis Lumbar
Pie plano/Rodillas hacia dentro

Al colapsar el arco interno del pie (pie plano) lo hace también el tobillo y la rodilla que caen hacia adentro, generando problemas en las caderas y columna.

Corrección

Poner un ladrillo entre los pies y un cinto en las pantorrillas para mantenerlas compactas. Los pies deben evitar tocar el ladrillo, activando así el arco y el tobillo interno. La rodilla se alinea con el tercer dedo del pie.

 

Piernas flectadas y rodillas separadas. El ladrillo entre los pies, los que presionan el ladrillo haciendo flex con los dedos, activando los arcos.

 

 

De pie, con las piernas separadas y pies paralelos. El cinto enganchado en cada canto externo del pie. Mantener el cinto tenso empujando hacia afuera y hacia abajo los pies, conservando el arco interno activo. Si el cinto se afloja, el arco interno colapsa.

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