Del malestar al bienestar

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A través del yoga en familia, grandes y chicos aprendemos a vincularnos de una manera mucho más cercana, sana y empática. 

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Como ocurre en cualquier aprendizaje, a los niños  les resulta mucho más fácil iniciarse y avanzar en la práctica del yoga si tienen como compañeros de ruta a sus padres.  Y la recompensa es que adquieren  habilidades motrices y sociales, fortalecen su cuerpo, desarrollan musculatura, mejoran el equilibrio y la coordinación y, como si fuera poco, toman consciencia de su respiración y de su relevancia para conseguir estados de calma.

Así lo han constatado desde la teoría y la práctica Carla Torres y María José Fuentes, mentes y corazones de YogaEdu, iniciativa que a través de clases, cuentos, juegos e incluso cumpleaños yoguis centra su accionar en el yoga para niños, tanto en el espacio familiar como educativo.

“Nuestros talleres de yoga infantil, enfocados a los juegos, relajación y meditación, son una introducción para que los padres puedan enseñar a sus hijos posturas y ejercicios de respiración, mejorar el manejo de emociones y relacionarse de manera sana y entretenida”, señala María José Fuentes, instructora de Hatha Yoga, certificada en yoga en el aula y en yoga para niños con necesidades especiales.

                                        

 

Sin duda, se trata de una herramienta muy enriquecedora para la crianza.         “A veces no nos damos cuenta de que no sabemos jugar CON nuestros hijos. Cuando los llevamos a la plaza, solo los acompañamos y cuidamos -reflexiona  Carla Torres, instructora certificada Kidding Around Yoga-. En el yoga en familia incentivamos la práctica, ya sea actuando juntos un yoguicuento, con posturas en pareja o jugando al memorice con posturas. Con estas actividades  realmente compartimos y nos relacionamos intelectual y físicamente al mismo tiempo”.

Por su parte, María José Fuentes comparte una reveladora visión: “En  las clases de yoga en familia he observado que son muy escasos los espacios de encuentro horizontal entre padres e hijos. Y cuando se dan, suceden cosas maravillosas. Los niños se sorprenden al ver a sus padres jugando y riendo.       A su vez, los padres miran a sus hijos desde otra perspectiva, descubriendo nuevas acciones y reacciones”.

De este modo, el entorno familiar aprende el control de emociones consigo mismo y con los demás. “En vez de gritar ‘¡respira, cálmate!’, ejemplifican, la idea es  proponer: ‘¿Respiremos juntos como un conejito?’, ‘¿Te parece que hagamos un masaje mágico para pasar la pena?’ o ‘¿Qué tal si hacemos un viaje a las estrellas antes de dormir?’ ”.

Aprender jugando

Los beneficios físicos, sicológicos, emocionales y relacionales del yoga para los niños y sus padres son inmensos. Sin embargo, más allá de aprender asanas, ejercicios de respiración y meditación, grandes y chicos adquieren destrezas que impactan positivamente en el bienestar del entorno familiar.  

Todos en Acción

YogaEdu nos propone tres dinámicas para realizar en familia. Forman parte de sus "Tarjetas Yoga Juego", con diseños ideales para los niños.

Ayuda a calmar y da claridad, ya que enfatiza la respiración profunda y consciente. De pie o sentados, cierren los ojos y ubiquen sus manos en el bajo vientre. Imaginen que el abdomen se transforma en un globo, inflándolo al inhalar por nariz y desinflándolo al exhalar lento por nariz o boca. Lo pueden repetir 4 o 6 veces. 

Ideal para botar la rabia. Comiencen de pie. Junten las manos frente al pecho para conectarse con la emoción que se quiere liberar. Inhalen profundo por nariz y luego exploten con energía, saltando con piernas y brazos abiertos, haciendo el sonido del vapor caliente que se está expulsando. Lo pueden repetir de 3 a 5 veces.

Padre e hijo se ubican en el suelo, sentados con las piernas estiradas y con las plantas de los pies en contacto. Al mismo tiempo, estiran brazos hacia el cielo y luego se alargan hacia el frente para tomarse de las manos. En caso de no lograr tomarse de las manos, pueden flectar ligera-mente las rodillas. Unidos de pies y manos, uno lleva el tronco hacia atrás, mientras el otro va hacia adelante y viceversa, tal como si fuesen un serrucho en acción.

Yoga para niños

El yoga compartido entre padres e hijos genera un efecto mágico: grandes y chicos se sorprenden al mirarse desde otra perspectiva, en la que surge una horizontalidad que enriquece el vínculo familiar.

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