Gonzalo Muñoz, fundador de TriCiclos

“Elegí hacerme cargo y dejar de hacerme el tonto”

Marcado por el trágico fallecimiento de dos de sus amigos más cercanos, y por el sello medioambiental y social de sus padres, se ha convertido en un referente para empresas comprometidas con la sustentabilidad, implementando en nuestro país el concepto de empresas B con el que sueña cambiar el mundo.
Por: Paula San Román S.

Todo partió por una servilleta. Fue en febrero del 2008, en una mesa de la Copec de la carretera San Martín, que comenzó a tejerse la historia de TriCiclos, empresa de ingeniería en economía circular, especializada en reciclaje, tratamiento de desechos y soluciones para reducir la generación de residuos.

Fue en esa bencinera, junto a seis medialunas y dos cafés, que Gonzalo Muñoz y Joaquín Arnolds lloraron la muerte de su amigo en común Nicolás Boetsch, fundador de las empresas bazuca.com y Latitud 90, fallecido trágicamente unos días antes en un accidente náutico.

 

La reunión surgió de manera increíble, casi mágica y hasta espeluznante, recuerda Gonzalo: “Si bien nos conocíamos, Joaquín y yo no éramos amigos; fue Nico quien nos juntó. Tras su muerte, su mujer envió a algunos amigos un mensaje llamado encargo que encontró en su computador, en el que nos proponía juntarnos los tres el martes siguiente a su muerte para echar a andar un proyecto que tenía en mente. Llegamos ella, Joaquín y yo...”.

Juntos se enfrentaron al hecho de que la vida es tan frágil y tan corta y como una forma de honrar a su amigo, decidieron desarrollar algún proyecto que contribuyera a mejorar el mundo. Y lo dejaron por escrito en una servilleta que pusieron al centro de la mesa.

Lo de la servilleta no era nuevo, aclara Gonzalo. “Hace rato veníamos conversando con Nico sobre diversos temas sociales, medioambientales y de relaciones, que nos incomodaban, pero que evitábamos. Escribíamos el problema en una servilleta junto a dos opciones: o nos hacemos cargo o nos hacemos los tontos”. Esa conversación los llevó a cuestionarse desde qué espacio querían aportar: ¿La política? ¿Lo espiritual? ¿El trabajo social? “Nos enfrentamos al absurdo que nos enseñaron de que te dedicas a mejorar el mundo o te dedicas a ganar plata y nosotros queríamos hacer las dos cosas: ganar plata a través de mejorar el mundo. Estábamos en esa conversación cuando el Nico partió…”.

“Nos enfrentamos al absurdo que nos

enseñaron de que te dedicas a mejorar el mundo o te dedicas a ganar plata y nosotros

queríamos hacer las dos cosas:

ganar plata a través de mejorar el mundo”.

Gonzalo y Joaquín demoraron un año más en imaginar su sueño, hasta que en mayo de 2009 el primero decidió hacerse cargo y dejar de hacerse el tonto. “Siempre hay excusas: el colegio de las niñitas, el pago del dividendo, el auto, las vacaciones, el mercado…. “. Renunció a la gerencia general de la exportadora de frutas Pacific Nut, con un colchón para sólo tres o cuatro meses. Sus ahorros se los había llevado el costoso tratamiento contra la leucemia de la menor de sus hijas y el emprendimiento de una viña que había iniciado poco antes. Junto a Joaquín y a Manuel Díaz -el tercer socio del proyecto- fundó TriCiclos, en referencia a los tres ciclos de la sustentabilidad: financiero, ambiental y social.

Durante todo el 2009 Joaquín trabajó de manera externa apoyando a Gonzalo y a fines de ese año renunció a su trabajo para embarcarse de lleno en el proyecto. Sin embargo, el destino nuevamente les mostró otro camino. Vino el terremoto del 2010 y Joaquín se sumó a “Desafío levantemos Chile”, proyecto que lo llevó a su muerte en el trágico accidente del avión en Juan Fernández, en septiembre de 2011, junto a Felipe Cubillos.

Nuevamente Gonzalo se enfrentó a la muerte, reafirmando lo que ya tenía claro: la vida es tan frágil y tan corta.

“La enfermedad de mi hija Rosario -que a los tres años estuvo desahuciada y se salvó por un milagro- y la trágica muerte de mis dos amigos profundizaron mi cuestionamiento acerca de qué estaba haciendo yo con el tiempo que me quedaba y con mis recursos, talentos, redes y conocimientos… Mi sensación era que podía apoyar otras causas más allá de mi trabajo y entonces surgió la pregunta: ¿elijo hacerme cargo o sigo haciéndome el tonto?

TriCiclos Latam

De eso han pasado diez años ya. Hoy TriCiclos cuenta con un pool de profesionales de variadas disciplinas que comparten el sueño de cambiar el mundo. Partieron como expertos en reciclaje y tratamiento de residuos y cuentan con una red de puntos limpios, puntos móviles y colectas selectivas domiciliarias, la más amplia de Sudamérica. El conocimiento y experiencia adquiridos les permitió desarrollar consultoría para empresas, con el objetivo de disminuir la generación de desechos, convencidos de que la basura es un error de diseño que puede y debe resolverse. “Trabajamos al interior de las empresas en perfeccionar su modelo de negocios, en el eco-diseño de sus envases, en la medición del impacto de sus procesos y en cambiar la cultura de la organización, siempre orientados a reducir la generación de desperdicios”.

“Ser empresa B es un camino y no un status

y la certificación valida que tú estás

en ese camino de hacer las cosas bien en el sentido más amplio de la palabra”.

Un ejemplo concreto que lo llena de orgullo, es Coca Cola, que gracias a la asesoría de TriCiclos y del DICTUC de la UC, implementó un nuevo envase para su agua mineral Vital, con un 30% menos de plástico, y que se transformó en el primero en lucir el sello de eco-etiquetado del Ministerio del Medio Ambiente.

El éxito ha sido tal, que la operación de la compañía ha traspasado las fronteras: TriCiclos Latam cuenta con más de 300 trabajadores, su casa matriz está en Brasil, tiene filiales en Perú, Colombia y Ecuador y cuenta con nuevos socios y fondos de inversión internacionales. Año a año la empresa es reconocida por el Foro Económico Mundial, que recientemente le otorgó el premio “The Circulars”, en la categoría “Dell4Good”, el más importante a la economía circular a nivel mundial.

Empresa B

En el intertanto, en enero del 2012, TriCiclos se convirtió en la primera B Corp sudamericana. “Necesitábamos que un tercero creíble certificara nuestro compromiso real con la sustentabilidad, porque cuando nos presentábamos sin ser fundación ni organismo del gobierno, creían que había gato encerrado: ¡Pero cómo, si las empresas sólo se dedican a ganar plata!”.

Con esa frustración, salió a buscar junto a sus socios ese tercero creíble y se encontraron con B-Lab en Estados Unidos, que llevaba tiempo trabajando el tema. “Ser empresa B es un camino y no un status y la certificación valida que tú estás en ese camino de hacer las cosas bien en el sentido más amplio de la palabra: revisar el impacto que generan tu modelo de negocios y tus prácticas, no solo en el ambiente, sino también en tus trabajadores, en tus clientes, en la comunidad, en el país y en el mundo”.

Convencido de que el cambio debe venir principalmente de la empresa privada, cocreó Sistema B para ayudar a otras empresas en el proceso de certificación y ya son 150 las que cuentan con el sello de Empresa B en nuestro país.

“Creo en un mundo en que las empresas somos capaces de mejorar sin esperar que el consumidor o la legislación lo exijan. Esos procesos, aunque necesarios, son muy lentos y ya no tenemos tiempo si queremos resolver los grandes problemas que aquejan al planeta. Por eso yo elijo poner mis fichas en lograr ese cambio en la empresa”.

Marcado desde la cuna

Estudió agronomía en la Universidad Católica y veterinaria en la Universidad de León en España y el sello del tema social y medioambiental fue grabado a fuego desde la cuna.

Su madre -Ximena Abogabir, fundadora de la “Casa de la Paz”- y su padre -Juan Carlos Muñoz, creador de la primera fundación de microcrédito en el país- marcaron el tenor de las conversaciones familiares. “No tengo ninguna posibilidad de ignorar lo que significó esa marca para mí y mis dos hermanos: ambos nos enseñaron con su ejemplo la importancia de dejar nuestra huella en lo que eligiéramos emprender”.

Casado desde hace 23 años con una chileno-española y padre de tres hijas de 21, 19 y 17, Gonzalo procura seguir el ejemplo de sus padres en las conversaciones familiares, seguir su sueño y dejar su huella.

“Creo en un mundo en que las empresas somos capaces de mejorar sin esperar que el consumidor o la legislación lo exijan. Esos procesos

son muy lentos y ya no tenemos tiempo si queremos resolver los grandes problemas que aquejan al planeta. Por eso yo elijo poner mis fichas en lograr ese cambio en la empresa”.

“Tengo el sueño de que TriCiclos sea un ejemplo de cómo las cosas se pueden hacer bien para generar un impacto positivo para la mayor cantidad de personas: en lo social, medioambiental y financiero. Que sea un lugar extraordinario para trabajar, que cada uno sienta el orgullo de poner el alma en su trabajo y que los inversionistas recomienden a otros invertir en una empresa B. Que cada uno pueda también, como yo, cumplir su sueño”.

Gonzalo aún conserva esa servilleta que fue el punto de partida de TriCiclos y que le recuerda una tarea pendiente en el plano más personal y espiritual. “A veces siento que mi vida es extremadamente vertiginosa y que me cuesta lograr el equilibrio. Quizás soy muy culposo y siempre siento que estoy en deuda, principalmente con mi familia…”.

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