Tierra del Fuego

El último rincón inexplorado

Por Nicole Saffie

Al otro lado del Estrecho de Magallanes, hay un lugar donde el viento doblega los árboles, donde un paisaje altiplánico se convierte en tupidos bosques y donde la Cordillera de Los Andes eleva sus últimas cumbres, escondiendo lagos prístinos y planicies rojizas. Es el premio para quien se aventure a descubrir esta tierra recóndita.

Los yaganes tenían un concepto: “Maiá-Kú”, que significa “observación atenta de todo lo que nos rodea”. Esa es la invitación desde el momento en que se pisa la isla grande de Tierra del Fuego, último trozo del continente americano, bautizada así por el propio Hernando de Magallanes en honor a las fogatas que veía a la distancia. Nos recibe Porvenir, la capital de la provincia y la más habitada del lado chileno, con un poco más de siete mil almas (2015). En la aplicación de viajes TripAdvisor aparecen unas cinco opciones para almorzar. Elegimos el Club Croata, una casona antigua, donde saciamos el hambre con una lasaña de centolla enorme y contundente.

Partimos hacia Bahía Inútil, donde se encuentra una colonia de pingüinos rey.

Lo primero que llama la atención en la ruta son los árboles, completamente curvos. Las ráfagas, que superan los 200 km por hora, hacen que las ramas crezcan hacia la dirección del viento. Y así quedan, como congeladas. La reserva se encuentra en una planicie, interrumpida solo por unos puntitos negros que se mueven a lo lejos. Al avanzar por el sendero, van apareciendo estos elegantes y esbeltos habitantes, que hace poco menos de una década hicieron su hogar en este pedazo de costa fueguina. Hoy se encuentran protegidos y aunque varios metros nos separan de ellos -se recomienda llevar binoculares- impresiona verlos moverse, como si danzaran, y escuchar sus sonidos

Avanzamos. Son 190 km en total hasta el Parador Russfin, nuestro pintoresco alojamiento. Inserto en medio de un aserradero y rodeado de un bosque de lenga, un zorro nos recibe amistoso. Al día siguiente, partimos hacia el parque natural Karukinka. En el camino se divisan algunas estancias, con sus antiguas casonas construidas a fines del siglo XIX y principios del XX, especialmente por europeos que se dedicaron al negocio de la lana de ovejas.

En la medida que se avanza hacia el sur de la isla, las planicies se van transformando en cerros y, entre más se asciende por el curvilíneo camino, van apareciendo tupidos bosques y planicies de atractivos tonos anaranjados y rojizos. Son las turberas, una especie de humedales donde crece un musgo muy apreciado por sus cualidades absorbentes. Caminar sobre esta superficie es como pisar una alfombra flotante. Pero hay que tener cuidado: hay zonas en que las aguas pueden tener varios metros de profundidad.

mientras aletean con gracia, como si nos hablaran.

 

La aventura

 El verdadero periplo comienza cuando comenzamos a internarnos por esta isla recóndita. El paisaje recuerda al altiplano. De vez en cuando, un guanaco se acerca a la cerca del camino y de un salto enorme, cruza y se atraviesa, perdiéndose por la explanada sin fin. De pronto, aparece una laguna habitada por un grupo enorme de flamencos rosados. Nos detenemos para sacar fotos. Ningún auto se ha cruzado con nosotros desde que emprendimos la ruta. El viento sopla fuerte.

Cómo Llegar?

- La vía más común es cruzar en ferry desde el terminal Tres Puentes de Punta Arenas a Porvenir: tabsa.cl. Otra opción es conducir 170 km hasta Primera Angostura, donde es posible cruzar en 20 minutos a Tierra del Fuego. Las frecuencias son diarias, cada 20 minutos, desde las 8:30 am hasta la 01:00 am y no es necesario reservar. También existen vuelos regulares de lunes a sábado, desde el aeropuerto de Punta Arenas al aeródromo Capitán Fuentes Martínez de Porvenir: dapairline.com

El paraíso

El parque Karukinka es el destino soñado de los pescadores con mosca. En realidad, toda Tierra del Fuego lo es. El Río Grande es considerado como uno de los mejores para la pesca de trucha de mar, que puede pesar entre 5 y 14 kilos. En esta enorme reserva privada también se puede andar en bicicleta, en kayak y, por supuesto, caminar, con varias rutas de Trekking con distintos grados de dificultad.

 

Si se avanza por el camino, se llega al secreto mejor guardado de esta isla: el Lago Deseado. Allí, un lodge del mismo nombre recibe a los visitantes con una vista privilegiada a un lago completamente prístino, de aguas muy azules y rodeado por montañas boscosas. Parece una postal. El cuadro lo completan algunas aves como martín pescador, rayadito, fío fío y pájaro carpintero, entre otros. El lugar es ideal para la pesca con mosca, kayak, bicicleta y trekking. O simplemente caminar por la orilla disfrutando del paisaje.

El camino sigue hacia Lago Fagnano. Vale la pena tomar la vía hacia Caleta María, donde una sola alma vive en el lugar, donde el viento y la lluvia adquieren una fuerza increíble. Una pequeña caseta indica el fin del camino e invita a los escasos visitantes a escribir un mensaje en un cuaderno, muy bien guardado en una bolsa plástica. Vale la pena deshacer el camino e internarse por la ruta que se encuentra abriendo el Cuerpo Militar del Trabajo, en plena Cordillera Darwin, el último tramo de Los Andes del continente, que se espera en el futuro conecte con el Canal Beagle. Se avanza por un bosque insondable, turberas de un rojo intenso, aguas cristalinas y montañas nevadas. Entonces hay que detenerse, respirar profundo, observar con los ojos bien abiertos el paisaje que conmueve y absorber la naturaleza con todos los sentidos.

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