Yo suelto, tú sueltas... ¿pero cómo hacerlo?

“Suelta, suelta”, es la consigna. Pero aunque suena simple y fácil, implica mucho más que un acto de negación o de fuerza de voluntad.  Nuestro apego a las cosas, a las relaciones, a las personas, incluso a nuestras ideas y puntos de vista, dificulta el proceso.

Que levante la mano quien no ha usado últimamente la palabra soltar, deslizando a modo de consejo la necesidad de dejar atrás, olvidar y no amargarse. Que levante la mano quien no ha tratado de seguir este consejo, comprobando con frustración que sigue pegado, incluso más que antes, lo que quiere soltar.

 

Soltar se ha convertido en una palabra de moda. Pero, ¿qué significa realmente, qué tenemos que soltar y cómo podemos hacerlo sin caer en la irresponsabilidad, el olvido o la negación?

 

Soltar se define como “hacer que algo o alguien deje de estar asido, atado o retenido”. Caroline Warm, coach y directora de Brahma Kumaris, relaciona el soltar como contrario al apego. No podemos hablar de soltar sin entender antes el apego, el cual se fundamenta en una mirada incompleta de nosotros mismos. Todos los seres humanos buscamos desde nuestra infancia ser amados y reconocidos y vamos desarrollando una serie de estrategias para poder obtener lo que queremos. Esas estrategias conforman nuestra personalidad, que es como nuestra cáscara externa, una cáscara que no está completa, llena de necesidades y carencias, que nos llevan inconscientemente a buscar fuera de nosotros mismos esa completitud. “Así nos apegamos a las relaciones, a las cosas materiales, a ciertos estados emocionales, a las situaciones placenteras. No las queremos perder, porque pensamos que nos constituyen. Al dejarlas o soltarlas, ponemos en juego nuestra propia identidad”.

El miedo a dejar esa cáscara, a la que le llamamos ego es lo que nos impide soltar. “Desconocemos que nuestra esencia es otra y que sigue intacta e inalterable, aun cuando todo lo de afuera se desvanezca, desaparezca o destruya”, enfatiza Caroline.

 

Lo primero que necesitamos soltar entonces es aquello que creemos que somos; es nuestra autoimagen la que nos complica y nos ata. “Si no somos capaces de darnos cuenta que en nosotros mismos hay condicionamientos o formas de hacer las cosas que se repiten una y otra vez, podemos intentar soltar cualquier cosa, pero volveremos una y otra vez a construir lo mismo y a atarnos nuevamente a lo que habíamos soltado, en un proceso casi infinito”, explica Caroline.

 

                         

 

Anna María Rossi, psicóloga UCH y terapeuta transpersonal, explica que soltar es lo que comúnmente la gente aconseja cuando alguien está pegado en algo o con alguien, dando vueltas en torno a una situación o relación más allá de lo razonable.

 

“Sin embargo, nos confundimos porque asimilamos soltar a cortar, lo entendemos racionalmente, es obvio, y llegamos a la conclusión de que mejor nos tomamos el trago amargo y olvidamos lo ocurrido, cediendo y haciendo concesiones que no nos dignifican,  pero cuando volvemos a nuestro espacio de soledad nos damos cuenta que seguimos pegados”, explica. Y es así como continuamos con nuestra conversación mental, es decir seguimos tomados por la historia, por cómo fueron los hechos, qué me dijo, qué le dije, quién tiene la culpa y quién tiene la razón… “Caemos en un círculo vicioso que no nos permite avanzar, sino que por el contrario, nos atrapa y nos envuelve”, señala Anna María.

Desde su experiencia como terapeuta -explica- puede dar fe de que nada de eso funciona. “Yo sostengo que lo que puedo y debo soltar es la historia, el libreto interno que construí a partir de una situación y una persona. Y cuando logro dejar de lado ese libreto, puedo quedarme conmigo profundamente y preguntarme qué me está pasando, qué emociones me despierta, qué miedos florecen, qué cosas mías puedo ver ahí. Todo lo que aparece es un material precioso para trabajarlo, para crecer y madurar”.

 

Para soltar no hay que negar, sino todo lo contrario: lo primero que tengo que hacer es reconocer que estoy pegada en esta historia y averiguar el motivo. Anna María nos recomienda el RAIN (ver recuadro), técnica que nos ayuda a detenernos y lograr una mirada distinta de lo que nos tiene apegados. “Cada vez que nos salimos de la historia, tenemos la posibilidad de aprender algo de nosotros mismos”, finaliza la psicóloga.

Dale vueltas a la historia

                             RAIN

Cuando estamos apegados a una circunstancia o persona, podemos retirarnos y seguir los cuatro pasos descritos a continuación.

  • Reconocer qué está pasando.  Nombrar lo que estás sintiendo, si tienes rabia, miedo, tristeza.

  •  Aceptar o permitir que eso esté ocurriendo. No rechazar la sensación de miedo, angustia u otras que aparezcan. No decir: “Yo no tengo rabia” o “Yo no estoy enojada”, pensando que es algo malo que no corresponde sentir.

  •  Investigar con amabilidad, soltar la historia y las creencias y centrarse     en  el cuerpo. Este es el gran dominio de la investigación: “¿Qué estoy sintiendo, en qué parte del cuerpo, cómo es lo que siento?

  •  No identificarse, es decir: “Yo no soy esa rabia, esa angustia o lo que vaya apareciendo. Simplemente es lo que me está pasando en este momento”.

 

       Si logras pasar por estos cuatro pasos,         estarás centrando la atención en ti y             de seguro serás capaz de soltar la                 historia y todo el sufrimiento adicional         que ella implica.

Lo primero que necesitamos soltar es aquello que creemos que somos: es nuestra autoimagen la que nos complica y ata.